
Janucá es una historia real de provisión. El pueblo judío había sufrido mucho bajo el maltrato y el abuso del Imperio Seléucida, pero Dios provió lo que necesitaban para resistir y vencer. Dio determinación y valentía a los guerreros macabeos para enfrentar el régimen opresor de Antíoco IV. Concedió la fuerza y quién sabe cuántas intervenciones, circunstancia por circunstancia, para que los revolucionarios, siendo muchos menos, pudieran ganar la batalla contra su vasto enemigo. Proveyó aceite suficiente para un solo día, hallado entre los suministros profanados del Templo, y lo usó para dar ocho días de luz. Restauró en los corazones judíos el gozo de adorar al único Dios verdadero.
Dios también provee para nosotros cada día. Él satisface nuestras necesidades diarias de alimento y vestido. Aun así, nos preocupamos. Eventos inesperados pueden sacudir nuestra seguridad, como un problema de salud repentino, una necesidad financiera o una crisis relacional: sucesos que superan nuestros recursos para afrontarlos.
Cuando no tenemos suficiente fuerza para enfrentar la avalancha de obstáculos que vienen contra nosotros, suficientes recursos para más de un día, o suficiente esperanza para levantarnos ante otra mala noticia, Dios está ahí con nosotros, listo para proveer lo que necesitamos. Él está contigo, sosteniéndote, dispuesto a llenarte con lo que necesitas para salir adelante.
Pedro nos instruye a echar toda nuestra ansiedad sobre el Señor porque Él cuida de nosotros (1 Pedro 5:7). Jesús dijo: “El Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis” (Mateo 6:8). El apóstol Pablo escribió a los filipenses: “Mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a las riquezas de Su gloria en [Mesías] Jesús” (Filipenses 4:19). A los corintios, escribió que “Dios puede hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).
Todas las cosas, en todo tiempo, todo lo que necesitas. Esas son garantías bastante poderosas. Dios conoce tus necesidades, y le importan tus necesidades. Él ha prometido cuidar de ti. Al encender tus velas de Janucá esta noche, recordando cómo el Dios de Israel provió para el pueblo judío hace mucho tiempo, recuerda también esta gloriosa buena noticia: Dios conoce tus necesidades y es un proveedor fuerte y amoroso. Puedes descansar en Su cuidado.
Coloque seis velas en la janukiá esta noche, colocándolas en los portavelas desde el extremo derecho y ubicándolas de derecha a izquierda. Al encender el Shamash (la Vela de Servicio), recite las bendiciones judías mesiánicas de Janucá:
Bendito eres Tú, ADONAI, nuestro Dios, Rey del universo, que nos has santificado con Tus mandamientos y nos has dado a Yeshúa el Mesías, la Luz del Mundo.
Bendito eres Tú, ADONAI, nuestro Dios, Rey del universo, que hiciste milagros para nuestros antepasados en aquellos días, en este tiempo.
Usando el Shamash, encienda las velas de Janucá en la dirección opuesta a la que las colocó en los portavelas, según la costumbre judía de honrar primero a la más nueva. Enciéndalas de izquierda a derecha. Regrese el Shamash a su lugar. Deje que las velas se apaguen por sí solas. Deben arder durante al menos media hora.