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“Una cosa he demandado a Adonai, esta buscaré: que esté yo en la casa de Adonai todos los días de mi vida, para contemplar la belleza de Adonai y para meditar en su Templo.”
––Salmo 27:4
¿Cuántas veces un atardecer espectacular te ha hecho detener lo que estabas haciendo para quedarte quieto y contemplarlo por un momento? ¿Alguna vez has visto una fotografía de la naturaleza que te hizo detenerte a contemplarla? Tal vez has tomado una curva y descubierto un paisaje espectacular frente a ti.
¿Cómo te sientes y reaccionas cuando ves algo extraordinariamente bello? ¿Se te corta la respiración, se te cae la mandíbula, se te llenan los ojos de lágrimas? ¿Te deja momentáneamente sin palabras y asombrado? La belleza puede hacernos esto. Queremos más que verla; queremos contemplarla –permanecer en su presencia, absorbiendo tanto de ella como podamos.
Parte del anhelo de David de morar en la presencia de Dios tenía que ver con contemplar su belleza. Puede que no pensemos a menudo en Dios como algo hermoso. Todopoderoso, amoroso, bueno y puro, claro está, ¿pero hermoso? David pensaba que sí. Y si lo piensas bien, ciertamente toda la belleza del mundo brotó de la hermosa naturaleza de nuestro Dios Creador.
La belleza es el amor que impulsó a Dios a hacer un camino para que estuviéramos con Él. La belleza es la gracia y la misericordia que nos atraen hacia Él. La belleza es el Dios del universo escuchando nuestras oraciones, inclinándose para responder, fortaleciéndonos y ayudándonos en su gran bondad.
¿Cómo contemplamos la belleza de Dios? Deteniéndonos en nuestra alabanza hacia Él y meditando en quién Él se revela ser. Al igual que ante un atardecer impresionante o una vista magnífica, dejamos que se nos caiga la mandíbula ante la abrumadora y hermosa naturaleza de nuestro Dios.
Al considerar lo que significa morar con Dios durante este Sucot, recordemos que vivimos en la presencia de su espectacular belleza. Sin embargo, un día lo veremos por completo –y no podremos contenernos ante su gloriosa hermosura. Mientras tanto, mientras esperamos ese día, contemplemos de Él tanto como sea posible. Fijemos nuestra mirada en Él, detengámonos largamente en su belleza y regocijémonos por el asombroso regalo que Él nos ha dado: Él mismo.
“Gloria y majestad hay delante de Él; fuerza y hermosura hay en su Santuario.”
––Salmo 96:6
Morando con Dios en medio del COVID-19
Es difícil creer que gran parte del mundo todavía esté atravesando los cambios y restricciones ocasionados por el COVID-19. Mientras vivimos en distintos grados de actividad reducida e interacción social limitada, podemos echar de menos algunas de las cosas que nos llenan y alimentan nuestras almas. Pero podemos aprovechar al máximo este tiempo inusual buscando intencionalmente la belleza, particularmente la belleza de Dios. Busca maneras creativas de disfrutar más de la belleza. Explora en internet hermosas fotografías de la naturaleza. Investiga las maravillas del mundo. Mira por tus ventanas con ojos renovados para descubrir la belleza extraordinaria escondida en tu vista cotidiana. Sal a caminar para respirar su belleza. Tómate el tiempo de leer la Biblia y anota las cualidades de Dios que son bellas y encantadoras. Dedica tiempo a agradecerle por las hermosas maneras en que te ha amado.