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“Yo soy la vid; vosotros los pámpanos. El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”
––Juan 15:5
Las familias judías a menudo decoran la sucá en su patio con un tema de cosecha, representando la generosa provisión de Dios. Los adornos tradicionales incluyen colgar frutas del techo. Esta es una ilustración adecuada de los dones de la cosecha de Dios y también de los efectos que tiene en nuestras vidas el permanecer en la presencia de Dios.
Morar con Dios produce fruto. El fruto de su Espíritu crece en nosotros, revelando que estamos permaneciendo en Dios (Gálatas 5:22–23). Estos frutos –amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio– muestran al mundo que nos rodea quién es Dios. Las personas ven a Dios en nosotros cuando damos su fruto.
Este fruto conduce a acciones que bendicen a otros con aliento, ayuda, sabiduría, esperanza y más. La Biblia nos instruye a edificarnos unos a otros, a velar por las necesidades de los demás y a fortalecer a los débiles. Dios ministra a las personas a través del fruto y los dones de su Espíritu, dados a cada uno de nosotros que creemos en Jesús.
Este fruto surge de permanecer –morar– con Dios. Dedica un tiempo a reflexionar sobre el gozo que produce hacer una diferencia en la vida de alguien. Considera el privilegio de que Dios te use para reflejar su bondad y amor a través del fruto que Él produce en ti. Pregúntale cómo quiere usarte hoy, y regocíjate de que su presencia contigo y en ti produzca un fruto hermoso.
“Porque será como un árbol plantado junto a las aguas, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, sino que sus hojas estarán verdes; y en el año de sequía no se angustiará, ni dejará de dar fruto.”
––Jeremías 17:8
“…llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios.”
––Colosenses 1:10b
“Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras.”
––Hebreos 10:24
Morando con Dios en medio del COVID-19
Muchos de nosotros estamos trabajando desde casa debido a las preocupaciones continuas por el COVID-19. Las ciudades tienen diversas restricciones vigentes, pautas de distanciamiento social y otras condiciones que simplemente no son normales para nosotros. Esto puede significar que tenemos menos interacción cara a cara con personas fuera de nuestros hogares y familias, y tal vez menos oportunidades de dar fruto para el Señor de las maneras a las que estamos acostumbrados. Pero gracias a la tecnología, podemos mantenernos conectados y seguir edificándonos unos a otros. Los inconvenientes del COVID no interfieren con una de las formas más importantes de bendecir a otros: a través de nuestras oraciones. Así que permanece en la Palabra, sigue morando en la presencia de Dios, y deja que su fruto florezca en ti.